Los empleadores exigen cambios en las reglas que exigen que se impriman recibos de cada compra, a pesar de que la mayoría son por cantidades pequeñas y muchos clientes...
Los supermercados hacen campaña para poner fin a la venta obligatoria de entradas, que cuesta 10 millones al año
Los empresarios piden modificar las normas que exigen imprimir recibos de cada compra, sobre todo de pequeñas cantidades y muchos consumidores los rechazan.
Esta escena se repite en casi todos los supermercados: una montaña de billetes en las papeleras o en la zona de bolsas de pago, donde no están esparcidos cerca de las puertas de salida o en los aparcamientos.En el siglo XXI, cada vez menos consumidores quieren recibir un recibo, hecho que ha llevado al sector a exigir el fin de la obligación, lo que supone un coste de alrededor de 10 millones de euros al año.
Asedas, un grupo de patronal que incluye grandes cadenas como Mercadona, Aldi, Lidl o Dia, pidió al Gobierno crear un marco legal que exija la emisión y emisión de un crédito o billete en todas las operaciones, incluso en las ventas de unos pocos euros donde apenas hay necesidad de conservar un recibo.
La ley del IVA y las regulaciones de pago ahora exigen la publicación y entrega de recibos para todas las transacciones.En la práctica, las empresas cumplen, pero son los propios clientes quienes deciden si solicitan la recogida, la eliminación o la no entrega directa.
La diferencia es significativa.El reparto de alimentos distribuye aproximadamente 5 mil millones de tickets cada año.De ellos, alrededor del 90% corresponden a compras inferiores a 50 euros, y el 30% corresponden a transacciones de sólo uno a cuatro artículos por un importe no superior a los diez euros.Son este tipo de compras las que son peores para conservar los recibos.
Como resultado, muchos libros terminan en contenedores, en el suelo de las tiendas o directamente en los vertederos.Para las empresas, esto supone importantes costes de impresoras, repuestos, mantenimiento y gestión de un proceso que, en muchos casos, no responde a las demandas de los clientes.
La patronal también advierte de que la impresión masiva de billetes está en conflicto con los objetivos de reducción de residuos y economía circular que impulsa el propio Gobierno."El mejor residuo es el que se genera", recuerdan, según las políticas de prevención del consumo de recursos naturales.
Si bien la entrega sigue siendo obligatoria en España, varios países europeos han adoptado sistemas más flexibles.En Francia, a partir de agosto de 2023, la impresión sistemática de recibos está prohibida y el cliente deberá solicitarla específicamente.Los Países Bajos y Suiza aplican modelos similares; en Suecia, un pago con tarjeta no genera un recibo automático.Incluso en Reino Unido, algunas cadenas han comenzado a implementar fórmulas opcionales.
La patronal propone mantener la obligación de emitir un recibo en España, pero condiciona su impresión o envío digital a los deseos del cliente.Tras el pago, el consumidor podrá elegir entre no recibir el billete, recibirlo en papel o recibirlo en formato digital.Si fuera necesario, la empresa podría proporcionarlo a través de sus sistemas informáticos, como ya lo hacen muchas instituciones.
En lo que insisten no es en la generación de ingresos o en la eliminación de derechos de los consumidores, sino en la adaptación de las regulaciones a las realidades comerciales actuales, la reducción del uso innecesario de papel y los costos operativos.Otra pregunta es si estos ahorros se trasladarán a los consumidores o serán absorbidos por los márgenes de las tiendas más grandes en general.
